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Estamos llamados a reflejar el amor de Cristo en cada gesto y palabra. En la Iglesia hemos emprendido un proceso de conversión, un camino sinodal, y en este contexto reconocemos que el cuidado y el buen trato no son solo valores humanos, sino también compromisos cristianos que nos invitan a vivir la fraternidad, la solidaridad y el respeto mutuo.
Este decálogo nace como una guía sencilla y práctica para fortalecer la convivencia, promover ambientes seguros y acogedores, y asegurar que cada persona se sienta valorada y acompañada. A través de estos principios buscamos construir una comunidad donde reine la paz, la justicia y la misericordia, siguiendo el ejemplo del Evangelio.
Más que normas, quiere ser un recordatorio de nuestra misión: ser testigos del Reino de Dios, mediante el cuidado de unos a otros, especialmente de los más vulnerables. Así, el decálogo se convierte en bienaventuranza del cuidado y buen trato, ayudándonos a crecer como familia parroquial, unida en la fe y en el servicio.
La fundamentación bíblica y teológica del cuidado y buen trato se apoya en la revelación de Dios como Dios cuidador y acompañante, Padre y Madre, que acompaña y protege.
La Ley mosaica incluye mandatos de justicia y cuidado hacia los más vulnerables: huérfanos, viudas y extranjeros (Deuteronomio 10:18-19). Los profetas denuncian la falta de cuidado y buen trato como pecado social (Amós 5:11-12). Más que un Dios Todopoderoso tenemos un Dios Todocuidadoso, porque su poder se manifiesta en el cuidado y acompañamiento.
La dignidad humana proviene de ser creados a imagen de Dios (Génesis 1:27). Por ello, el buen trato es un reconocimiento de esa dignidad.
Jesús se presenta como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, enseña sobre el amor al prójimo, encarna el cuidado divino en su ministerio de sanación, acogida y servicio.
La ética cristiana entiende el cuidado como reflejo de la dignidad humana creada a imagen de Dios.
La teología contemporánea relee la tradición cristiana desde la perspectiva del cuidado como praxis central de la fe. Hoy la Iglesia es llamada a ser comunidad de cuidado, donde el servicio mutuo refleja el Reino de Dios.
Consideramos el decálogo de las “Bienaventuranzas del Cuidado” como un instrumento pedagógico y pastoral que puede orientar nuestra vida comunitaria hacia la construcción de relaciones basadas en el respeto, la empatía y la dignidad, en la prevención del maltrato, en la promoción de valores como la solidaridad, justicia, tolerancia y responsabilidad, fomentando la confianza y el sentido de pertenencia, la responsabilidad compartida, … como expresiones del amor cristiano.
Presentamos este decálogo con el ánimo de que podamos llevarlo a la vida en nuestras comunidades parroquiales, que deben ser espacios de fraternidad y crecimiento espiritual mutuo.
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